Don Florentino Nonay Raga: Un hombre de pueblo, pastor de almas
In Memoriam (1938-2026)
Raíces en Sabiñán: un hombre de tierra
Una vocación tardía: el llamado a los 35 años
Esta vocación tardía no fue un obstáculo, sino más bien una ventaja. Los años vividos en el mundo antes de entrar al seminario le dotaron de una madurez humana, una comprensión de las realidades cotidianas de la gente y una capacidad de empatía que enriquecerían enormemente su ministerio sacerdotal. No llegó al sacerdocio con la ingenuidad de la juventud, sino con la experiencia de un hombre que había vivido, trabajado y conocido las dificultades de la vida ordinaria.
El formador: padre de la Calle Ávila
El predicador: maestro de ejercicios espirituales
Espiritualidad: entre el Prado y el Carmelo
La espiritualidad de Don Florentino se nutría de dos fuentes principales que, lejos de contradecirse, se complementaban armoniosamente: la espiritualidad del Prado y el carisma teresiano.
Los Apóstoles Pobres: el espíritu del Prado
El carisma teresiano: la oración como amistad
El pastor: 28 años entre Morés, Sestrica y Viver
Un cura de pueblo para el pueblo
No era el párroco que vivía distante de sus feligreses, sino alguien que compartía sus preocupaciones, trabajaba la tierra como ellos, participaba de la vida del pueblo y se mostraba cercano en los momentos importantes y en los cotidianos. Esta cercanía no menoscababa su autoridad espiritual, sino que la reforzaba: era respetado precisamente porque no se sentía superior, porque no buscaba privilegios, porque vivía lo que predicaba.
Homenajes en vida: el reconocimiento del pueblo
Dos momentos especiales marcaron el final de su ministerio activo en estas comunidades:
El servidor: Cáritas y Comunión Eclesial
Estos cargos, sumados a su presencia constante en todos los órganos consultivos diocesanos, demuestran que Don Florentino no era un sacerdote ensimismado en su parroquia, sino un presbítero con visión de Iglesia universal y diocesana, capaz de pensar y actuar más allá de los límites de su entorno inmediato.
Bodas de oro sacerdotales: el símbolo del almendro
- "Tardío" de su vocación: el almendro es uno de los primeros árboles en florecer, pero Don Florentino había florecido tarde como sacerdote, ordenándose a los 35 años.
- "Podador" de lo fundamental: así como el almendro necesita poda para dar buenos frutos, Don Florentino había sabido podar lo superfluo en la formación de los seminaristas, centrándose en lo esencial.
- "Cuidador" de lo sembrado: había cuidado con esmero la vocación de quienes pasaron por sus manos, dándoles el fundamento de unos valores que marcaron sus vidas.
Este regalo sintetizaba magistralmente toda una trayectoria sacerdotal: la fidelidad paciente, la sabiduría para distinguir lo esencial de lo accesorio, y el amor cuidadoso por quienes le fueron confiados.
Jubilación y últimos meses
Fallecimiento y despedida
Legado: "Gracias" y "Os quiero"
"Gracias" expresaba su actitud fundamental ante la vida: todo era don, todo era regalo de Dios. Su vocación tardía, su largo ministerio, las personas que había acompañado, los pueblos que le habían acogido... nada lo daba por merecido. Vivía en permanente gratitud.
"Os quiero" revelaba el corazón de su ministerio: no era un funcionario religioso que cumplía con su deber, sino un pastor que amaba a su pueblo, un formador que quería a sus alumnos, un hermano que apreciaba a sus compañeros sacerdotes. El amor no era para él una teoría teológica, sino el modo concreto de relacionarse con cada persona.
Hoy, quienes le conocieron le devuelven esas mismas palabras: "Gracias, Don Florentino, por tu entrega, tu ejemplo, tu sencillez. Te queremos y te recordaremos siempre".
Un testamento espiritual
Su vida entera fue un testamento espiritual para quienes le conocieron. De su ejemplo podemos extraer algunas lecciones que permanecen como herencia para la Iglesia y para la sociedad:
1. La vocación no tiene edad
En una cultura obsesionada con la juventud y la productividad, la vida de Don Florentino recuerda que el llamado de Dios puede llegar en cualquier momento de la vida. Su vocación "tardía" no fue un obstáculo, sino una bendición que enriqueció su ministerio con madurez y experiencia vital. Dios llama cuando quiere y como quiere, y cada edad tiene sus propios dones para ofrecer.
2. La formación es acompañamiento
Como rector del seminario, Don Florentino no entendía la formación como mera transmisión de conocimientos teológicos, sino como acompañamiento integral de la persona. Seguía a los seminaristas no solo en su discernimiento vocacional, sino también en su vida personal y familiar. Formaba discípulos, no funcionarios. Este modelo de formación humana y cercana es especialmente necesario en una época de crisis vocacional.
3. La sencillez es credibilidad
En tiempos en que la Iglesia es a menudo criticada por su distancia del pueblo, Don Florentino fue un sacerdote creíble precisamente porque vivía con sencillez, sin pretensiones, sin buscar privilegios. Su coherencia entre lo que predicaba y lo que vivía le ganó el respeto y el cariño de todos. La autenticidad evangélica es la mejor apologética.
4. La Iglesia necesita pastores con olor a oveja
Mucho antes de que el Papa Francisco popularizara esta expresión, Don Florentino la vivía. Era un "hombre de azada", alguien que no temía ensuciarse las manos con el trabajo, que compartía la vida cotidiana de su pueblo, que conocía los problemas reales de la gente porque los vivía él mismo. Este modelo de sacerdocio encarnado, cercano, real, es el que la Iglesia necesita hoy más que nunca.
5. La espiritualidad es integral
La síntesis que Don Florentino logró entre la espiritualidad del Prado (compromiso con los pobres) y el carisma teresiano (oración contemplativa) muestra que no hay contradicción entre acción y contemplación, entre compromiso social y vida interior. Las dos dimensiones se alimentan mutuamente: se sirve mejor cuando se ora mejor, y se ora mejor cuando se sirve mejor.
6. El amor es el centro
Por encima de cualquier otra cualidad, lo que define el ministerio de Don Florentino es el amor: amor a Cristo, amor a la Iglesia, amor a los sacerdotes que formó, amor a los pueblos que sirvió, amor a los pobres a quienes dedicó su vida. Este amor no era sentimentalismo barato, sino entrega concreta, día a día, en lo grande y en lo pequeño.
Memoria viva
Don Florentino Nonay Raga ya no está físicamente entre nosotros, pero su memoria permanece viva en múltiples lugares y personas:
- En el Seminario de Tarazona, donde su recuerdo inspira a los nuevos formadores a seguir su ejemplo de cercanía y dedicación.
- En los sacerdotes que formó, que llevan grabada su impronta en su manera de entender el ministerio.
- En los pueblos de Morés, Sestrica, Viver de la Sierra, Sabiñán, Paracuellos y Embid, donde su presencia pastoral dejó huellas profundas.
- En la diócesis de Tarazona, que le debe tanto en el ámbito formativo como pastoral.
- En las páginas de los libros que escribió sobre la historia de Sabiñán y su Cofradía de la Vera Cruz, testimonio de su amor por la cultura local.
- Y sobre todo, en el corazón de quienes le quisieron, que guardan sus palabras, sus gestos, su ejemplo, como un tesoro que nadie podrá arrebatarles.
Conclusión: Que la Virgen del Pilar y San Roque le acojan
Don Florentino Nonay Raga fue un sacerdote de vocación tardía que supo convertir ese "retraso" en una ventaja. Fue un hombre de pueblo que nunca renunció a sus raíces rurales. Fue un formador que entendió que educar es amar. Fue un pastor que olía a oveja porque vivía con ellas. Fue un contemplativo que sabía que la oración sin compromiso es estéril. Fue un servidor que nunca buscó honores, sino oportunidades de entregarse.
Sobre todo, fue un testigo de Cristo que vivió con pasión y agradecimiento su sacerdocio, que amó a la Iglesia a pesar de sus sombras, que formó discípulos para el Señor con paciencia y dedicación, y que administró todo lo que le fue confiado —materias y personas— como un mayordomo fiel.
Su vida nos interpela a todos, seamos sacerdotes o laicos: ¿Vivimos con la autenticidad de Don Florentino? ¿Somos capaces de decir "gracias" y "os quiero" con la sinceridad con que él lo decía? ¿Entregamos nuestra vida por los demás sin buscar reconocimientos? ¿Permanecemos fieles a nuestra vocación incluso cuando las cosas se ponen difíciles?
Estas preguntas quedan como legado vivo de un hombre que, en su sencillez, fue grande. De un sacerdote que, sin aspavientos, fue santo. De un pastor que, sin pretensiones, fue padre para muchos.
Descansa en paz, hermano y compañero D. Florentino Nonay Raga. Tu memoria es bendición.
Bibliografía y enlaces consultados
A continuación se listan las principales fuentes en las que se ha basado este artículo:
- Fallecimiento del Rvdo. D. Florentino Nonay Raga – Iglesia en Aragón.
- Muere el sacerdote Florentino Nonay, todo un referente en la diócesis de Tarazona – Heraldo de Aragón.
- Fallece el sacerdote Florentino Nonay Raga – Calatayud Noticias.
- Sestrica homenajea a su anterior párroco con un libro – Iglesia en Aragón.
- Sestrica rinde homenaje a su párroco Florentino Nonay – Calatayud Noticias.
- Emotiva celebración de las bodas de oro sacerdotales de D. Florentino Nonay – Iglesia en Aragón.
- Publicación de la Diócesis de Tarazona anunciando su fallecimiento – Facebook.
- Fallece D. Florentino Nonay Raga – Dukvi TV (Facebook).
- Publicación sobre San Félix en Morés – X (Twitter).
- “Morés – Sestrica – Viver de la Sierra” – Os Zerrigüeltaires.
- Sabiñán – Wikipedia.
- Iglesia de San Pedro Apóstol de Sabiñán – sabiñán.es.
- Iglesias de San Miguel y de San Pedro Apóstol de Sabiñán – Turismo de Aragón.
- Nuestra historia – Seminario de Tarazona.
- Artículos de la diócesis de Tarazona en Iglesia en Aragón.
- Ficha turística de Sabiñán – Turismo de Aragón.
- Historia Domus Turiasonensis – IFC DPZ.
- Publicaciones del Museo de Sabiñán (incluye obras sobre la cofradía y parroquia).
