2025/10/13

Capítulo 1. Huella Celtíbera — Los Primeros Habitantes de Morés

Capítulo 1. Huella Celtíbera — Los Primeros Habitantes de Morés

Mucho antes de que las calles de Morés acogieran el sonido de la vida moderna, su territorio ya estaba habitado por comunidades que dejaron una huella profunda. Entre la Prehistoria y la Edad del Hierro surgieron los primeros asentamientos humanos en el entorno del río Jalón, y en lo alto del paraje conocido como Cantazorras se levantó un poblado celtíbero que daría nombre al enigmático lugar de Morkes.

El asentamiento de Morkes: el origen de Morés

Según estudios arqueológicos y referencias históricas, los restos del poblado de Morkes se encuentran sobre una elevación que domina el valle del Jalón. Esta posición estratégica permitía controlar las rutas naturales que conectaban, desde tiempos prerromanos, el valle medio del Ebro con la Meseta. Era un enclave de los belos y los titos, pueblos celtíberos que habitaron esta zona del Sistema Ibérico durante los siglos V a II a.C.

La elección del cerro de El Cantazorras no fue casual. Sus condiciones naturales —defensivas, fértiles y con fácil acceso al agua— fueron ideales para el asentamiento humano. A día de hoy, sobreviven fragmentos cerámicos, escorias metálicas y estructuras de piedra que revelan la actividad doméstica y productiva de sus antiguos moradores.

Vida y cultura de los celtíberos del Jalón

Los celtíberos eran expertos en la metalurgia y la cerámica. En la zona de Morés trabajaban el hierro extraído de vetas locales, fabricando armas, herramientas y adornos. Su sociedad se organizaba en clanes o gentilidades, con una clara jerarquía guerrera pero también con estructuras comunales que garantizaban la supervivencia del grupo.

La cultura material hallada en enclaves próximos como Segeda (Mara) o Bílbilis (Calatayud) ayuda a interpretar cómo vivían los habitantes de Morkes. Construyeron casas rectangulares de piedra y adobe, con techos vegetales, hornos de pan y talleres metalúrgicos. La tierra les proveía de cereal, ganado ovino, agua y madera, mientras las colinas del Jalón les daban protección natural.

Morkes en el contexto de la Celtiberia

El valle del Jalón formaba parte de la antigua Celtiberia, una región histórica que abarcaba gran parte del Sistema Ibérico. Morés se situaba en la vertiente más occidental de esta zona, cerca de centros tan importantes como Bilbilis o Segeda, núcleos que jugaron un papel determinante en la resistencia celtíbera frente al avance romano. Es posible que Morkes dependiera de alguno de esos asentamientos principales como plaza menor o comunidad agrícola asociada.

El rastro de Morkes, aunque silencioso, ha perdurado. En lo alto del cerro donde hoy se alza la ermita de San Félix, entre los olivos y la piedra caliza, se siente todavía el eco de aquel pasado. Los arqueólogos consideran que la posición y la disposición del terreno coinciden con la descripción de un oppidum, una aldea fortificada típica de los celtíberos.

Segeda y el inicio de la guerra celtíbera

Pocos kilómetros al noreste de Morés se encontraba Segeda (actual Mara), uno de los oppida celtíberos más importantes del valle del Jalón, perteneciente al pueblo de los belos. Segeda alcanzó un notable desarrollo urbano y político: era capaz de reunir cientos de guerreros y negociar directamente con Roma. Cuando los segedenses comenzaron a ampliar sus murallas en el año 154 a.C., los romanos interpretaron esta acción como una amenaza directa y decidieron declarar la guerra. El conflicto desencadenado en Segeda marcó el inicio de las Guerras Celtibéricas, enfrentamientos largos y sangrientos que acabarían con la independencia de los pueblos celtíberos y la romanización definitiva de la región.

El calendario y el año nuevo romano

La importancia de Segeda fue tal que su resistencia provocó un cambio histórico: hasta entonces, el año político romano comenzaba el 1 de marzo. Al tener que movilizar sus tropas para responder a la rebelión celtíbera, el Senado romano decidió adelantar la fecha de inicio del año al 1 de enero —una medida que facilitaba la organización militar y administrativa. A partir de entonces, el calendario romano modificó una tradición ancestral, un reflejo de cómo los acontecimientos en tierras aragonesas influyeron en todo el Imperio.

Así, Morés y su entorno participan no solo en la historia local, sino también en acontecimientos que impactaron la cultura europea durante siglos.

Morés, memoria de una raíz milenaria

La continuidad del poblamiento en Morés sugiere que, con el paso de los siglos, la vida nunca llegó a desaparecer por completo de estas tierras. El topónimo “Morkes” pudo transformarse fonéticamente en “Morés”, como ocurre con otros nombres antiguos adaptados al romance aragonés. Así, el pueblo actual sería la herencia directa de un enclave celtíbero que sobrevivió, se romanizó y evolucionó hasta llegar a los días modernos.

Hoy en día, el visitante puede conocer este pasado paseando por los alrededores de la ermita de San Félix, donde el paisaje y la historia se entrelazan. Es un punto privilegiado para contemplar el valle, imaginar los senderos antiguos y sentir cómo la memoria del tiempo aún respira entre las piedras.

Curiosidades

  • El topónimo "Morkes" comparte raíz con voces celtíberas relacionadas con la piedra o las alturas, lo que refuerza la idea de un “pueblo en lo alto”.
  • En las excavaciones de la comarca de Calatayud se han hallado restos de hornos domésticos similares a los documentados en yacimientos celtíberos más al norte.
  • El entorno de Morés conserva alineaciones rocosas naturales que probablemente sirvieron como límites simbólicos o sagrados de aquel primitivo poblado.

Fuentes Consultadas

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Las fuentes incluyen el Portal de Archivos Españoles (PARES), el Sistema de Información del Patrimonio Cultural Aragonés (SIPCA), el Diccionario de Madoz, archivos municipales y bases de datos académicas.

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