En 1997, tras casi un cuarto de siglo dedicado a la formación sacerdotal, Don Florentino inició una nueva etapa de su ministerio. El 7 de abril fue nombrado administrador parroquial de Morés, Sestrica y Viver de la Sierra, tres pequeños pueblos de las comarcas de Calatayud y del Aranda, en la provincia de Zaragoza. Esta responsabilidad pastoral se extendería durante 25 años, hasta el 10 de abril de 2022, cuando fue nombrado párroco "in solidum" (en solidaridad con otros presbíteros) de seis parroquias: Sabiñán, Paracuellos de la Ribera, Embid de la Ribera, Sestrica, Viver de la Sierra y Morés.
Un cura de pueblo para el pueblo
En estos pueblos pequeños, Don Florentino desplegó todas las dimensiones de su personalidad sacerdotal. Quienes le trataron en Sestrica lo describen con palabras que resumen su esencia: "Siempre ha sido un sestricano más. Su sencillez, su humildad, su campechanía y el ser un hombre de azada por encima de su claridad de pensamiento, consiguieron que se hiciera con el corazón de todos".
No era el párroco que vivía distante de sus feligreses, sino alguien que compartía sus preocupaciones, trabajaba la tierra como ellos, participaba de la vida del pueblo y se mostraba cercano en los momentos importantes y en los cotidianos. Esta cercanía no menoscababa su autoridad espiritual, sino que la reforzaba: era respetado precisamente porque no se sentía superior, porque no buscaba privilegios, porque vivía lo que predicaba.
Homenajes en vida: el reconocimiento del pueblo
Dos momentos especiales marcaron el final de su ministerio activo en estas comunidades:
El 30 de mayo de 2025, en la fiesta de San Félix, el pueblo de Morés le nombró Cofrade Honorario de Honor a través de su Cofradía de San Félix, en agradecimiento a los años que estuvo de "Pastor en medio del pueblo". Este reconocimiento reflejaba el cariño profundo que la comunidad sentía por quien había sido su guía espiritual durante casi tres décadas.
Poco después, el 9 de septiembre de 2025, coincidiendo con las fiestas patronales de San Bartolomé a finales de agosto, el pueblo de Sestrica le dedicó un emotivo homenaje con la presentación de un libro titulado "Florentino Nonay: Párroco de Sestrica, 'un cura de pueblo y para el pueblo'", escrito por Gloria Pérez García, Directora General de Patrimonio de Aragón. La iglesia estaba abarrotada para el acto de presentación, en el que intervinieron el alcalde Miguel Pinilla, la autora del libro, el propio Don Florentino (visiblemente emocionado) y Raúl Romero, quien había sido siempre su padre espiritual y realizó una semblanza del homenajeado.Rosa Sánchez, quien escribió una crónica del evento, concluyó con palabras que resumen el sentir colectivo: "Lo despedimos con dolor, pero a la vez con la alegría de haberlo tenido con nosotros tanto tiempo".
El servidor: Cáritas y Comunión Eclesial
Además de su labor pastoral directa, Don Florentino prestó sus conocimientos y energías al aspecto caritativo-social de la diócesis. Entre el 15 de agosto de 2007 y 2011 fue Delegado de Cáritas diocesana, cargo desde el que coordinó la acción caritativa de la Iglesia de Tarazona en favor de los más necesitados. Su espiritualidad del Prado encontraba aquí un cauce institucional para hacerse efectiva.
Posteriormente, del 1 de noviembre de 2011 al 28 de agosto de 2017, desempeñó el cargo de Delegado de Comunión Eclesial, responsabilidad que implicaba fomentar la unidad y colaboración entre las distintas realidades eclesiales de la diócesis.
Estos cargos, sumados a su presencia constante en todos los órganos consultivos diocesanos, demuestran que Don Florentino no era un sacerdote ensimismado en su parroquia, sino un presbítero con visión de Iglesia universal y diocesana, capaz de pensar y actuar más allá de los límites de su entorno inmediato.
Bodas de oro sacerdotales: el símbolo del almendro
El 29 de abril de 2023, Don Florentino celebró sus bodas de oro sacerdotales, completando 50 años de ministerio. La celebración eucarística fue un momento de profunda emoción y gratitud. El grupo de ex alumnos del Seminario de Tarazona le preparó un regalo cargado de simbolismo: un almendro.
La elección no era casual. Como explicaron sus antiguos alumnos, el almendro representaba tres dimensiones de la vida y el ministerio de Don Florentino:- "Tardío" de su vocación: el almendro es uno de los primeros árboles en florecer, pero Don Florentino había florecido tarde como sacerdote, ordenándose a los 35 años.
- "Podador" de lo fundamental: así como el almendro necesita poda para dar buenos frutos, Don Florentino había sabido podar lo superfluo en la formación de los seminaristas, centrándose en lo esencial.
- "Cuidador" de lo sembrado: había cuidado con esmero la vocación de quienes pasaron por sus manos, dándoles el fundamento de unos valores que marcaron sus vidas.
Este regalo sintetizaba magistralmente toda una trayectoria sacerdotal: la fidelidad paciente, la sabiduría para distinguir lo esencial de lo accesorio, y el amor cuidadoso por quienes le fueron confiados.
Jubilación y últimos meses
En julio de 2024, a los 86 años, Don Florentino se jubiló oficialmente de sus responsabilidades pastorales. Sin embargo, como suele ocurrir con los sacerdotes que han dedicado toda su vida al servicio, la jubilación no significó retiro completo. Continuó residiendo en su querido Sabiñán, participando de la vida parroquial y manteniendo contacto con las comunidades que había servido durante décadas.
Los últimos meses de su vida transcurrieron con la serenidad de quien ha cumplido su misión. Quienes le vieron en esos días cuentan que seguía tomando su café en el bar del pueblo, conversando con los vecinos, siendo uno más. Había vivido como predicaba: sin pretensiones, con sencillez, con autenticidad.
Fallecimiento y despedida
El sábado 3 de enero de 2026, a los 87 años, Don Florentino Nonay Raga entregó su alma a Dios. La noticia conmocionó a la diócesis de Tarazona y a todos los pueblos donde había ejercido su ministerio. El velatorio se realizó en la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Sabiñán desde las 16:00 horas de esa tarde, continuando el domingo desde las 10:00 horas.
El funeral se celebró el domingo 4 de enero a las 16:00 horas en la misma iglesia de San Pedro Apóstol, el templo donde había sido ordenado sacerdote 54 años antes. Fue un círculo que se cerraba: del pueblo había salido su vocación, y al pueblo volvía para su despedida definitiva.
El Vicario General de la diócesis, Javier Bernal Gimeno, escribió una emotiva carta de despedida en la que resumió lo esencial: "Muchas cosas podemos decir del Rvdo. D. Florentino Nonay, pero lo más grande es que vivió con pasión y agradecimiento su sacerdocio, que amó y quiso a la Iglesia, que se esforzó por formar discípulos para el Señor y que gestionó y administró el patrimonio de las parroquias para alabanza y adoración a Dios".
El obispo de Tarazona, Mons. Vicente Rebollo Mozos, junto al obispo emérito Mons. Eusebio Hernández, el presbiterio y la comunidad diocesana, manifestaron su pésame a familiares, amigos y compañeros sacerdotes.
Legado: "Gracias" y "Os quiero"
En los homenajes que recibió en vida, Don Florentino solía terminar sus palabras con dos expresiones simples pero profundas: "GRACIAS" y "OS QUIERO". Estas dos palabras resumen su personalidad y su manera de entender el sacerdocio.
"Gracias" expresaba su actitud fundamental ante la vida: todo era don, todo era regalo de Dios. Su vocación tardía, su largo ministerio, las personas que había acompañado, los pueblos que le habían acogido... nada lo daba por merecido. Vivía en permanente gratitud.
"Os quiero" revelaba el corazón de su ministerio: no era un funcionario religioso que cumplía con su deber, sino un pastor que amaba a su pueblo, un formador que quería a sus alumnos, un hermano que apreciaba a sus compañeros sacerdotes. El amor no era para él una teoría teológica, sino el modo concreto de relacionarse con cada persona.
Hoy, quienes le conocieron le devuelven esas mismas palabras: "Gracias, Don Florentino, por tu entrega, tu ejemplo, tu sencillez. Te queremos y te recordaremos siempre".
Un testamento espiritual
Su vida entera fue un testamento espiritual para quienes le conocieron. De su ejemplo podemos extraer algunas lecciones que permanecen como herencia para la Iglesia y para la sociedad:
1. La vocación no tiene edad
En una cultura obsesionada con la juventud y la productividad, la vida de Don Florentino recuerda que el llamado de Dios puede llegar en cualquier momento de la vida. Su vocación "tardía" no fue un obstáculo, sino una bendición que enriqueció su ministerio con madurez y experiencia vital. Dios llama cuando quiere y como quiere, y cada edad tiene sus propios dones para ofrecer.
2. La formación es acompañamiento
Como rector del seminario, Don Florentino no entendía la formación como mera transmisión de conocimientos teológicos, sino como acompañamiento integral de la persona. Seguía a los seminaristas no solo en su discernimiento vocacional, sino también en su vida personal y familiar. Formaba discípulos, no funcionarios. Este modelo de formación humana y cercana es especialmente necesario en una época de crisis vocacional.
3. La sencillez es credibilidad
En tiempos en que la Iglesia es a menudo criticada por su distancia del pueblo, Don Florentino fue un sacerdote creíble precisamente porque vivía con sencillez, sin pretensiones, sin buscar privilegios. Su coherencia entre lo que predicaba y lo que vivía le ganó el respeto y el cariño de todos. La autenticidad evangélica es la mejor apologética.
4. La Iglesia necesita pastores con olor a oveja
Mucho antes de que el Papa Francisco popularizara esta expresión, Don Florentino la vivía. Era un "hombre de azada", alguien que no temía ensuciarse las manos con el trabajo, que compartía la vida cotidiana de su pueblo, que conocía los problemas reales de la gente porque los vivía él mismo. Este modelo de sacerdocio encarnado, cercano, real, es el que la Iglesia necesita hoy más que nunca.
5. La espiritualidad es integral
La síntesis que Don Florentino logró entre la espiritualidad del Prado (compromiso con los pobres) y el carisma teresiano (oración contemplativa) muestra que no hay contradicción entre acción y contemplación, entre compromiso social y vida interior. Las dos dimensiones se alimentan mutuamente: se sirve mejor cuando se ora mejor, y se ora mejor cuando se sirve mejor.
6. El amor es el centro
Por encima de cualquier otra cualidad, lo que define el ministerio de Don Florentino es el amor: amor a Cristo, amor a la Iglesia, amor a los sacerdotes que formó, amor a los pueblos que sirvió, amor a los pobres a quienes dedicó su vida. Este amor no era sentimentalismo barato, sino entrega concreta, día a día, en lo grande y en lo pequeño.
Memoria viva
Don Florentino Nonay Raga ya no está físicamente entre nosotros, pero su memoria permanece viva en múltiples lugares y personas:
- En el Seminario de Tarazona, donde su recuerdo inspira a los nuevos formadores a seguir su ejemplo de cercanía y dedicación.
- En los sacerdotes que formó, que llevan grabada su impronta en su manera de entender el ministerio.
- En los pueblos de Morés, Sestrica, Viver de la Sierra, Sabiñán, Paracuellos y Embid, donde su presencia pastoral dejó huellas profundas.
- En la diócesis de Tarazona, que le debe tanto en el ámbito formativo como pastoral.
- En las páginas de los libros que escribió sobre la historia de Sabiñán y su Cofradía de la Vera Cruz, testimonio de su amor por la cultura local.
- Y sobre todo, en el corazón de quienes le quisieron, que guardan sus palabras, sus gestos, su ejemplo, como un tesoro que nadie podrá arrebatarles.
Conclusión: Que la Virgen del Pilar y San Roque le acojan
Como escribió el Vicario General en su despedida: "Que Nuestra Santísima Madre la Virgen del Pilar y San Roque, le concedan a su buen hijo descansar junto al Pastor Fiel al que entregó su vida y junto a Él cante la mejor de sus alabanzas, las de la Vida Eterna para siempre, la que no tiene fin y la más feliz".
Don Florentino Nonay Raga fue un sacerdote de vocación tardía que supo convertir ese "retraso" en una ventaja. Fue un hombre de pueblo que nunca renunció a sus raíces rurales. Fue un formador que entendió que educar es amar. Fue un pastor que olía a oveja porque vivía con ellas. Fue un contemplativo que sabía que la oración sin compromiso es estéril. Fue un servidor que nunca buscó honores, sino oportunidades de entregarse.
Sobre todo, fue un testigo de Cristo que vivió con pasión y agradecimiento su sacerdocio, que amó a la Iglesia a pesar de sus sombras, que formó discípulos para el Señor con paciencia y dedicación, y que administró todo lo que le fue confiado —materias y personas— como un mayordomo fiel.
Su vida nos interpela a todos, seamos sacerdotes o laicos: ¿Vivimos con la autenticidad de Don Florentino? ¿Somos capaces de decir "gracias" y "os quiero" con la sinceridad con que él lo decía? ¿Entregamos nuestra vida por los demás sin buscar reconocimientos? ¿Permanecemos fieles a nuestra vocación incluso cuando las cosas se ponen difíciles?
Estas preguntas quedan como legado vivo de un hombre que, en su sencillez, fue grande. De un sacerdote que, sin aspavientos, fue santo. De un pastor que, sin pretensiones, fue padre para muchos.
Descansa en paz, hermano y compañero D. Florentino Nonay Raga. Tu memoria es bendición.
"El discípulo no es más que el Maestro. Vivir como vivió Jesús, pobre y sencillo entre los pobres, es el camino del verdadero seguimiento."
— Beato Antoine Chevrier, inspiración espiritual de Don Florentino